Todos hemos estado allí: te despiertas con esa indeseable sorpresa en tu rostro, un granito que parece haber aparecido de la nada, justo antes de un evento importante. La tentación de tocarlo o, peor aún, apretarlo, es casi irresistible, pero sabemos que eso solo empeora la situación, dejando marcas y cicatrices. ¿Y si te dijéramos...
